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Depilación láser de diodo: si duele, cuántas sesiones hacen falta y quién no debería hacérsela

Depilación láser de diodo: si duele, cuántas sesiones hacen falta y quién no debería hacérsela

Belleza · 25 de agosto de 2026 · por María José Esteve

Las tres preguntas que nos hacen siempre antes de empezar, contestadas sin rodeos: qué se nota de verdad, cuántas sesiones hacen falta y en qué casos te vamos a decir que no.

Lo primero, porque es lo que más se pregunta: ¿duele?

Molesta. No te voy a decir que no se nota, porque lo notas. Pero es una molestia corta y muy concreta: la de una goma elástica caliente que te chasquea sobre la piel, muchas veces seguidas. Un labio superior son dos minutos y ya está.

El láser de diodo se trabaja en barrido, con el cabezal frío apoyado y moviéndose despacio, no a disparos sueltos como los equipos de hace quince años. Eso cambia bastante la sensación: no hay un golpe seco, hay un calor que sube y baja. Donde más se nota es en las ingles, el labio superior y la cara interna del muslo, que es donde la piel es fina y el pelo grueso. En piernas o brazos la mayoría de la gente se queda esperando algo peor.

Un aviso que ahorra malos ratos: si vienes con la regla o los días de antes lo vas a notar más. No es sugestión, el umbral de dolor baja. Si puedes elegir el día de la cita, elígelo.

Por qué a tu amiga le fue de maravilla y a ti puede que no

El láser no ve el pelo: ve su pigmento. La melanina absorbe la luz, se calienta y ese calor es el que destruye la raíz. Todo lo demás sale de ahí.

Pelo oscuro y grueso sobre piel clara es el caso de manual: funciona muy bien y se ve pronto. Pelo rubio muy claro, pelirrojo o cano no tiene pigmento que calentar, así que el láser no hace nada, y quien te diga lo contrario te está vendiendo sesiones. En el medio queda el vello fino y clarito, que se reduce, pero menos y más despacio.

Y luego está lo hormonal, que explica la mitad de las decepciones. Con un ovario poliquístico, un tiroides revuelto o según qué tratamientos, el vello de la cara y el cuello puede volver a salir aunque el trabajo esté bien hecho: hay un grifo abierto detrás dando la orden de fabricarlo. En esos casos no hablamos de terminar, hablamos de mantenerlo a raya, y conviene saberlo antes de empezar y no en la sesión seis.

Cuántas sesiones hacen falta y por qué no puedes ir cuando te venga bien

Lo habitual son seis u ocho sesiones por zona, más algún repaso al año. El motivo es que el pelo va por ciclos y el láser solo destruye el que está creciendo en ese momento, que es más o menos una cuarta parte del total. El resto está dormido bajo la piel y ni se entera.

Por eso las citas van espaciadas: seis u ocho semanas en el cuerpo, cuatro o seis en la cara. No es para estirar el tratamiento, es que hay que esperar a que asome la siguiente tanda. Adelantar la cita no acelera nada; lo único que hace es gastar una sesión en pelo que no está.

Cuándo no se puede, y cuándo solo hay que esperar

Conviene separar las dos cosas, porque casi todo lo que la gente da por imposible es en realidad un «ahora no».

Ahora no: piel bronceada de hace poco o con autobronceador —hay que dejar pasar unas semanas—; cera o pinzas en el último mes, porque el láser necesita la raíz puesta; isotretinoína (el clásico Roacután), que pide seis meses desde que se termina; antibióticos y otros medicamentos que hacen la piel fotosensible; un herpes activo si vamos a tratar el labio; y cualquier herida, quemadura o infección en la zona. El embarazo también espera, no porque esté demostrado que haga daño, sino porque no hay motivo para arriesgar.

Ahí no, o no sin que lo vea antes un médico: encima de tatuajes y lunares no se pasa, se rodean; lesiones de la piel que no ha mirado un dermatólogo; tendencia a queloides; epilepsia fotosensible.

Todo esto lo preguntamos en la primera cita, y también qué estás tomando. No es papeleo: la mayoría de las quemaduras y las manchas que se ven por ahí salen de una piel bronceada o de un medicamento por el que nadie preguntó.

Lo que depende de ti entre sesión y sesión

Es poco y es fácil, pero es la mitad del resultado. Afeitar sí, cera y pinzas no: la cuchilla corta el pelo y deja la raíz, que es justo lo que buscamos; arrancarlo nos deja sin diana. Ven afeitada la víspera o el mismo día, con la piel limpia y sin cremas.

Nada de playa ni de sol directo en los días de alrededor de la sesión, y protección solar en la zona si va descubierta. Después es normal que salga un puntito rojo en cada folículo, como piel de gallina, que baja en unas horas. Y si a los diez días te parece que «están saliendo pelos», casi siempre es al revés: es el pelo muerto que el cuerpo está expulsando.

Por qué insistimos tanto con la valoración previa

Porque es media faena. En esa primera cita miramos tu tono de piel y el color y el grosor de tu vello, qué te has hecho hasta ahora, qué tomas y qué esperas conseguir. De ahí salen las tres cosas que hacen que esto funcione: cuántas sesiones tiene sentido plantear, con qué potencia y cada cuánto.

Y a veces de ahí sale un «a ti esto no te va a dar lo que buscas». Preferimos decírtelo el primer día, antes de empezar una tanda entera, a que termines con la sensación de que el láser no funciona.

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