Por qué un color de cabello te ilumina la cara y otro te apaga
Ser blanca o morena dice menos de lo que parece. Lo que decide si un color te enciende la cara es el tono que hay debajo de tu piel, y eso se puede intuir en casa con luz de día. Qué le va a cada uno y por qué la foto de otra no te sirve.
Blanca o morena es lo de menos
Es lo primero que nos preguntan, y casi siempre así: qué color me favorece si soy blanca, o qué color me favorece si soy morena.
La pregunta tiene trampa. Dos personas igual de pálidas pueden necesitar colores opuestos, y a dos pieles morenas les puede pasar exactamente lo mismo.
Lo claro u oscuro de tu piel es el tono, y sirve para saber cuánto contraste aguanta tu cara. La familia de color la decide otra cosa, el subtono, que es lo que hay debajo: frío si tu piel tira a rosada o azulada, cálido si tira a dorada o melocotón, y neutro cuando no tira claramente a ninguno de los dos lados.
Ahí está casi todo.
Cómo intuir tu subtono en casa
Ponte junto a una ventana, de día, sin maquillaje y con el cabello recogido o tapado con una toalla blanca. El color que llevas ahora también se refleja en la cara, y la luz del baño engaña.
Mírate las venas de la muñeca. Si se ven azuladas o moradas, tiras a frío; si se ven verdosas, a cálido. Y si no sabrías decirlo, seguramente tu piel sea neutra.
Luego acércate a la cara algo de plata y algo de oro. No vale el que más te gusta. Vale el que hace que tu piel se vea más limpia y más descansada: la plata suele sentar mejor a las pieles frías y el oro, a las cálidas.
Lo mismo con una camiseta blanca de las de verdad y otra de color crudo. Al subtono frío le va el blanco puro. Al cálido le da vida el crudo, que al lado del blanco parece hasta un poco sucio.
Ninguna de las tres acierta siempre por separado. Si dos dicen lo mismo, ya tienes una buena pista.
Ojo con la piel oliva, esa que no es rosada ni dorada y tiene un fondo algo verdoso, porque es muy corriente en el Mediterráneo y despista a las tres pruebas: las venas no se distinguen bien y el oro y la plata le quedan parecidos. Suele portarse como neutra.
Qué colores le van a cada subtono
A una piel fría le van los colores fríos o neutros: rubios beige y ceniza, castaños fríos como el chocolate amargo y, si la piel es muy clara y los ojos oscuros, incluso un castaño muy oscuro. Lo que más la apaga son los dorados intensos y los cobrizos, que le sacan un tono amarillento o le marcan las rojeces.
A la cálida le pasa al revés. Los miel, los caramelo, los dorados y los cobrizos le dan luz. Un ceniza muy marcado la deja grisácea, con cara de cansancio.
La neutra lo tiene más fácil.
Le van los beige, los castaños naturales y casi todo lo que no se vaya a un extremo, ni muy dorado ni muy ceniza.
Si tienes rojeces en la cara, eso pesa tanto como el subtono: los rojos y los cobres las avivan, y los tonos neutros o algo fríos las disimulan.
Y luego están los ojos. Unos ojos verdes o color miel se encienden con los caramelos y los cobrizos suaves; los azules y los grises resaltan más con los tonos fríos. Cuando la piel duda, desempatan ellos.
Cuándo un color te apaga la cara
Casi siempre por una de dos cosas. Demasiado contraste, o demasiado poco.
Un color mucho más oscuro que tu piel endurece. Hace de marco, y todo lo que queda dentro se marca más: las ojeras, las sombras junto a la nariz, las líneas de expresión. Con el negro pasa muchísimo.
Uno demasiado claro, o de la familia contraria a tu subtono, hace lo opuesto. La cara se queda sin color, como lavada, y parece que te falta maquillaje aunque lo lleves puesto.
Con los años la piel va perdiendo pigmento y la cara pierde contraste, así que el castaño oscuro que te quedaba perfecto a los veinticinco puede endurecerte a los cincuenta. Muchas veces basta con suavizarlo un tono o dos, o con meter un poco de luz alrededor de la cara.
Con las canas, igual. Una raíz blanca contra un tinte muy oscuro canta a las pocas semanas, y con un color algo más suave o unas luces finas se confunde al crecer. De cómo se cubren hablamos en la guía del tinte sin amoniaco.
Por qué no te sirve la foto de otra, ni el test del móvil
Los test de internet que te preguntan el color de ojos y de cabello aciertan a veces. Lo que no pueden es verte.
Las aplicaciones que te ponen el color sobre una foto, menos todavía. La pantalla, la luz y el filtro de la cámara ya han cambiado tu piel antes de que el programa toque nada, y el color que pinta es plano, cuando un cabello de verdad tiene reflejos y cada mechón coge la luz a su manera.
La foto de la actriz o de tu amiga lleva su piel, sus ojos y su base. Con otro subtono debajo, el mismo castaño cobrizo es otro color. Con la base pasa igual, y lo contamos en la guía de las mechas rubias en un castaño.
Para descartar, sirven. Para elegir, poco.
Lo que miramos antes de elegir
Antes de mezclar nada te miramos la piel con buena luz, los ojos, las cejas y el cabello que tienes debajo: tu base, lo que llevas puesto y cuánta cana hay y dónde.
Si vienes con una foto, tráela. Nos dice qué te gusta, y muchas veces se puede llegar a algo con el mismo aire dentro de tu familia de color.
Si vives lejos, o lo que quieres es repasar corte y color de una vez, también lo hacemos por videollamada. Es la configuración de tu imagen, y te quedas con el nombre concreto de cada tono para pedirlo en cualquier salón.
Y si el color que traes pensado te va a apagar, te lo decimos antes de abrir el tubo.
